SE CIERRA EL TELÓN

Nostalgias Bogotanas

Leíamos en la prensa de días pasados que para algunos  bogotanos, la subasta del Teatro San Jorge tuvo especial significación.   Fue este, uno de esos salones de cine  que se los llevó el tiempo, como tantas otras reliquias que guardaban las memorias de un pasado relativamente cercano. No obstante, hemos perdido muchos otros templos del espectáculo cinematográfico de valor parecido y sin pena. Murió el teatro Lux en donde hasta hace pocos meses estaba en uno de sus muros altos  el nombre evocador de los dueños en una pequeña placa, hoy retirada.  Se fue el grande de los grandes el Olimpia de la 26, con su moderno sistema de sonido que parece haber dejado retumbando con “ La Machicha” muy conocida pieza musical que ambientó la película de Michael Todd “La vuelta al Mundo en 80 días”   también su luz se apagó para la gigantesca proyección de Cantinflas, de Niven y Shirley Maclaine  Recuerdos maravillosos quedan del Teusaquillo  allá en la 34  que solo y silencioso parecen evocar a Vivien Leigh y Clark Gable en “Lo que el Viento se Llevó “que fue reestrenada varias veces, pero el tiempo también se llevó al teatro sin remedio.  No muy lejos, murió el Teatro Palermo que aunque con vestigios de su pasado no oye cantar a la familia Trapp ni bailar a Julie Andrews en “La Novicia Rebelde”. Adiós al cine de esa Bogotá recién pasada, aún nos parece que descorre la pesada cortina roja de “El Aladino” pero la realidad es que para siempre se cerró.  No parece posible ningún rescate para el San Jorge, ni fuera deseable, pues el sector es otra cosa y son otros sus habitantes. Digamos adiós a otros nombres del pasado: El María Luisa, El Imperio, El San Luis, El Caldas, El Lucía, El Metro Riviera, El Trevi, El Radio City, El Ópera pero,  para ninguno habrá cortos ni noticieros que cuenten  lo que la memoria capitalina Jamás rescatará.



EN EL PARADERO

Por Gonzalo Garavito

EN EL PARADERO Mientras buses van y vienen, el problema de la movilidad en la Capital tiene tanto de largo como de ancho, se habla del Transmilenio aún más que de los aguaceros en nuestra fría ciudad.  Parece que se ha estudiado tanto el problema que ha rebasado el número de las soluciones posibles. El vehículo “inteligente” rojo articulado, pregunta al usuario si ¿tiene una idea? Siendo que ya sobran las que se plantean con el común denominador de la inviabilidad. Que, el Metro,  que la otra fase del Transmilenio pesado, que el Tranvía, aquel que Santa Marta no tiene, que el transporte multimodal, que  el tren de cercanías y mientras estamos tanto todos estamos “en el paradero” aguantando soluciones.   Que sea el metro, el bus, la buseta, el articulado, pero ligero como dijeron “ligero” que lo necesitamos. 



BOGOTÁ EN SU LABERINTO

Por Gonzalo Garavito

TwitterNo tiene antecedente una búsqueda tan prolongada de soluciones para el transporte capitalino,  ni tiene antecedente  tampoco el número de opiniones inocuas al respecto.

Bogotá es una ciudad de modas en la conversación callejera, si se habla de aguaceros, al otro día se dice de los huecos, al otro de la inseguridad; la reciente y reincidente moda es hablar del ya muy desarticulado transmilenio.  Quién podrá afirmar, con seriedad, lo que se hará para agilizar el   desplazamiento de siete millones de bogotanos. La respuesta sería  de todo y de nada, la solución puede estar el cambiar los hábitos de los bogotanos, hágase tranvía, metro o tele transportación.   El alcalde pedagogo nos enseñó que si se pueden cambiar hábitos, lo hizo con la detención de vehículos en semáforos antes de las cebras. Entonces alguien podrá cambiar los hábitos ciudadanos apropiándose de los siguientes postulados

No vaya a la oficina si no es imperiosa su presencia, examine su actividad y a lo mejor todo lo puede hacer como los ex presidentes, los políticos o como el famoso filósofo de la acción virtual Samper O. con unos cuantos twitter.

Cuando se requiera su presencia, por fuerza y tiene vehículo lleve a sus vecinos, piense que evita congestiones y dolores de cabeza a sus apretados congéneres y hace posible a Bogotá.

Dialogue en su oficina o lugar de trabajo de la posibilidad del trabajo virtual, que es con seguridad menos costoso que un metro, un tranvía o un nuevo Transmilenio.  

Es posible que un ministro de avanzada entre a meditar sobre esto que  es algo realizable y conveniente o acaso lo pueda proponer en un trino, de los que están tan de moda.

  Ojala salga la ciudad del laberinto que se le presenta ante la  escogencia de tantas propuestas de movilidad.  Todos podemos ayudar dejando de echar tanta carreta sobre lo que ya no tiene remedio inmediato. Que hagan lo que puedan pero la capital necesita menos trabajadores presenciales.